Fábula de un halcón marrano

Neurona obesa

Érase una vez un gordo imbécil que trabajaba de halcón (vigía) para los zetas (en minúsculas, recuerde) en Monterrey. El muy tarado hacía su chamba en un auto robado… ¿a quién se le ocurre trabajar de halcón en un coche con reporte de robo?, bueno. El idiota seguía a una patrulla de la policía, situación que provocó la sospecha de los uniformados, quienes confirmaron en su base de datos que el auto era robado. Se pidió refuerzo al Ejército.

Oficiales y soldados comenzaron a seguir al halcón, quien ya no pudo continuar en el vehículo por el tráfico, por lo que la persecución se dio a pie. El bruto corrió lo más que pudo, pero su evidente sobrepeso fue una limitante. Desesperado, trató de brincar una barda, pero por su volumen y peso jugaron en su contra. Al caer se fracturó la tibia y el peroné, ambas expuestas. Como marranito en matadero, se dedicó a llorar, mientras el Ejército lo capturaba.

Cuiiiiic, cuiiiiiiiiiiic”, dicen que se burló el Director.

Hoy soy bipolar, mañana no

La tetona armada es de Girls With Guns

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2 comentarios to “Fábula de un halcón marrano”

  1. la MaLquEridA Says:

    ¿Lo van a hacer carnitas?.

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